¿Están desapareciendo las abejas? Claves sobre el Colapso de las Colmenas

Introducción

En la historia de la Tierra ha habido varios episodios de desapariciones. La del Devónico (408-360 Ma) acabó con el 85% de las especies. La última, del Cretácico-Terciario, hace 65 Ma, acabó con el 50% de las especies, entre ellas los célebres dinosaurios.

Sin llegar a esos extremos las abejas han tenido varias crisis ya en épocas históricas. En 1807, J. Rivas, en su libro “Antorcha de colmeneros” ya habla de la mortandad invernal por falta de polen. En 1970-79 hubo mortandades importantes en Australia, finalmente achacadas a una alimentación deficitaria (solo con polen de eucalipto, deficitario en el aminoácido esencial isoleucina, Klischmidt). En 1987-88 Sanford estudió otros casos en California, y en 1985-90 en Florida, EEUU.

Desde 1995 las agrupaciones francesas de apicultores vienen achacando al uso de neonicotinoides problemas de supervivencia de las abejas. El Mº de Agricultura francés creó un “grupo de sabios” para estudiar el problema, y los estudios generados condujeron en 1999 a la prohibición de las semillas de girasol “blindadas” con Gaucho®. En años posteriores se fueron incorporando las prohibiciones de otros neonicotinoides en Francia, y posteriormente en Alemania, Italia, Eslovenia, España, y, finalmente, desde diciembre 2013, durante dos años, de tres de ellos en toda la UE.

En España hemos tenido algunos episodios de desapariciones en 2000, pero se intensificaron en 2003, haciéndose muy importantes en el otoño-invierno de 2004 y 2005. El censo oficial de colmenas, que crecía ininterrumpidamente, bajó de 2.464.600 en 2003 a 2.146.000 en 2007. Posteriormente se ha ido recuperando, hasta llegar a 2.868.337 en 2018 (MAPA 2019). Nuestras abejas de miel no desaparecen en España, hemos aumentado el número de colmenas en una generación, 25 años, desde las 1.500.000 colmenas a cerca de 3.000.000.

A pesar de ello hemos disminuido la producción de miel, que se sitúa, según las estadísticas oficiales, en unos 10 kg/colmena y año, cifra un tanto sorprendente, habida cuenta de que supone una falta de rentabilidad de las explotaciones españolas, y de que en los países limítrofes lo normal es algo por encima de los 20 kg, el doble. Y no es que nuestros apicultores sean malos profesionales ni nuestras floraciones un desastre.

Gráfica 1. Evolución del nº de colmenas y la cosecha de miel en España, 1907-2017. Fuente: elaboración propia a partir de Alphandery y datos del Mº de Agricultura y la UE.

Esta recuperación del nº de colmenas se ha hecho dedicando una parte de la productividad de las explotaciones a la reposición de la cabaña, lo que ha mermado considerablemente su productividad, y en consecuencia su rentabilidad, haciendo peligrar su supervivencia si llegaran a incidir algunos otros factores negativos: pérdida de las subvenciones de la UE, bajada de los precios de miel, aumento de las importaciones de mieles baratas…

Esta situación se ha dado también, con mayor o menor importancia, en otros países del mundo: Canadá, Croacia, Dinamarca, Eslovenia, EEUU, Francia, Holanda, Inglaterra…

Para los más afectados, el caso de España, se ha pasado de una mortandad invernal “normal”, inferior al 12 %, a unas mortandades del 27,6 %, superiores a las de nuestros vecinos franceses (19,5 %) e italianos (19,2 %), pero inferiores a las de Alemania, 32,2 % (COLOSS 2018).  

Polinización de almendros en USA

Uno de los países más afectados, y que ha liderado la “salida del armario” del problema de la desaparición de las abejas es EEUU. Los EEUU producen el 80% de la cosecha mundial de almendras, un cultivo mediterráneo que requiere de polinización. Sin abejas su productividad disminuye drásticamente. En EEUU la cabaña apícola ha disminuido de los 6.000.000 de colmenas de 1945, vanEngelsdorp 2010, a los 2.680.000 actuales (Statista 2018).

Gráfica 2. Evolución del nº de colmenas en los EEUU.

Esto ha motivado la presión de los cultivadores de almendra que se enfrentan a una disminución de sus efectivos de polinización, que ha hecho subir el precio del alquiler de colmenas para polinizar ese cultivo a una media de 195 $ USA/floración (https://www.thebeecorp.com/post/2020-pollination-prices). También ha producido la aparición de un grupo de estudio, que, al igual que el COLOSS europeo, publica un informe anual sobre el estado del problema (Bee Informed).

Los cultivadores de almendra de los EEUU alquilan anualmente alrededor de 1.500.000 colmenas para la polinización de sus cultivos. Y están hondamente preocupados por la falta de abejas para su producción, hasta el extremo que han creado una fuente de información sobre cómo cuidar a las abejas en sus cultivos, https://www.almonds.com/pollination.

Factores de desaparición

En España los años más duros de desaparición invernal de colmenas, SDC (Síndrome de Desaparición de Colmenas), fueron 2004 y 2005. Algunas explotaciones profesionales, de más de 1.000 colmenas, perdieron el 80% de ellas. Básicamente los síntomas coinciden con lo que en los países anglosajones se llama CCD (Colony Collapse Disorder): los apicultores dejan las colmenas listas para pasar el invierno, con población y reservas, y cuando pasa un cierto tiempo y vuelven a revisarlas ya no quedan abejas, o quedan solo unas pocas, que perecen por no poder mantener las constantes vitales del superindividuo que es la colonia.

Desde 2004 hemos realizado trabajos de seguimiento de colmenares profesionales con SDC en varias zonas, básicamente en una de las más afectadas, Salamanca. Castilla-León tiene un censo de 438.820 colmenas (MAPA 2019), que en un 90 % son trashumantes (el 80 % de las colmenas españolas lo son). Son frecuentes entre 2 y 5 traslados/año de las colmenas, a distancias que pueden llegar a los 600 km.

En una encuesta epidemiológica realizada a 34 apicultores dueños de unas 100.000 colmenas en invierno 2004 la incidencia de SDC resultó ser mayor en los colmenares que trashumaron por la ruta Sur, más seca, hacia los girasoles de Andalucía, que en los colmenares que trashumaron por la ruta Norte, con más lluvias, hacia los matorrales naturales de Burgos.

Para estudiar este problema y deslindar la importancia de los factores meteorológicos, nutricionales y de toxicidad del entorno, desde 2006 hemos efectuado seguimientos de colmenas en otoño-invierno en diferentes zonas, y analizado los factores de riesgo: residuos de plaguicidas en el entorno (agua, vegetación), residuos de plaguicidas en el interior de las colmenas (cera y polen), y estado nutricional y sanitario de las colmenas.

Nuestros resultados indicaron que hay tres factores que inciden negativamente sobre la supervivencia invernal de las abejas:

  • La mala nutrición otoñal por meteorología desfavorable,
  • Los residuos de plaguicidas
  • La infestación por el ácaro varroa.

Mala nutrición

Las abejas viven algo más de un mes en plena actividad (floración), excepto las que nacen en otoño cara al invierno, que, como no tienen actividad, viven varios meses.

Las lluvias de mediados de agosto en adelante y la otoñada deberían favorece la aparición de una floración que aporte miel y polen y permita el desarrollo de una nueva generación de abejas antes del invierno, jóvenes y bien nutridas, con reservas corporales y reservas en la colonia, que permitan su supervivencia hasta la primavera.

Cuando estas las lluvias fallan, o se concentran en unas pocas tormentas torrenciales, no se da ese rejuvenecimiento poblacional, y las colmenas entran en invierno con abeja vieja, que irá pereciendo a lo largo del invierno; o a abejas desnutridas, sin el aporte de la dieta de los aminoácidos del polen, necesarios para la construcción de los péptidos antimicrobianos de su sistema inmunitario, lo que las hace más sensibles a las enfermedades latentes (nosema, virus…)

El cambio climático tiene mucho que ver en esta situación, numerosos informes (IPCC, NASA…) citan el aumento de las temperaturas de los últimos años, la disminución de las lluvias, y el aumento de los desastres naturales.

Este cambio climático está afectando también a las poblaciones de abejas silvestres, individuales, reduciendo también sus poblaciones.

Residuos de plaguicidas

En todos los países en los que se han investigado los residuos de plaguicidas en la cera (Alemania, Argentina, Chile, España, EEUU, Francia, Suiza, Uruguay…) se han encontrado, en mayor o menor grado. Hay certeza estadística de que los niveles detectados en ceras españolas (Orantes 2010), ponen en peligro la salud de las abejas, ya que esos residuos se trasfieren al polen almacenado en los panales, y tanto las larvas como las abejas de esas colmenas reciben un alimento con dosis subletales de tóxicos, que les afectarán directamente, crónicamente, o que inactivarán la expresión de los genes del sistema inmune, dejándolas expuestas al ataque de enfermedades latentes.

Estos tóxicos pueden pertenecer a dos grupos: los más frecuentes son los acaricidas que los propios apicultores aplican a las colmenas para combatir el ácaro varroa (MAPA); con mucha menos importancia están los insecticidas y herbicidas de uso agrícola.

Como se ha mencionado, los trabajos de los apicultores franceses, iniciados en 1995, sobre la toxicidad del neonicotinoide Gaucho® en girasol, y los de otros colectivos e investigadores, han desembocado una serie de prohibiciones de uso de estos plaguicidas. La UE ha publicado una revisión de la evidencia científica de este daño, en la que hace responsables a algunos neonicotinoides, de los que hay estudios, de daños a las abejas (EC 2012). A pesar de la presión de los lobbies de los fabricantes de plaguicidas (Bayer, Syngenta…), finalmente la UE ha aprobado una prohibición de su uso en cultivos atractivos para las abejas (DOUE 2013).

El uso de plaguicidas, y los monocultivos, también afectan negativamente a las poblaciones de abejas solitarias silvestres.

El ácaro varroa

En los años 50 la URSS puso en marcha un plan de aumento de sus producciones agrícolas, que llevó colmenas de abejas europeas a la zona asiática. Allí entraron en contacto con la abeja asiática, y con uno de sus parásitos, el ácaro varroa, que pasó a las colmenas europeas, causando estragos. El comercio internacional de abejas y la difusión natural hicieron que varroa fuera dispersándose; entró en Alemania en el 74, en Francia en el 80, y en España en el 85. Pasó a América y África en los 70 por el comercio de reinas. Solo algunas islas (Nueva Caledonia, Polinesia…) están, de momento, libres de él. Desde entonces es el mayor peligro para la supervivencia de las colmenas en todo el mundo. Los apicultores están obligados a controlarlo utilizando acaricidas, cuyos residuos son acumulativos y generan problemas de supervivencia a las abejas.   

Varroa parasita a las crías y a las abejas adultas, alimentándose de su grasa, lo que puede matar a las abejas atacadas, o debilitarlas, provocando los mismos daños que una mala nutrición. Además, su picada rompe la barrera protectora de la quitina, y al picar a una abeja enferma y luego a otras sanas transmite una serie de virus, cuyos efectos son más peligrosos de lo normal por la bajada de defensas que esta parasitación provoca.

La gran mayoría de los equipos de trabajo en este tema en el mundo están de acuerdo en que el problema de la desaparición de las abejas, llámese SDC o CCD, es multifactorial. Para nuestro equipo estos tres factores son los más importantes. Cualquiera de ellos, si tiene el suficiente peso, puede provocar SDC en la colmena, pero también puede haber una sinergia entre 2 ó 3 de ellos, de manera que actúen potenciándose mutuamente, aunque estén en niveles más bajos de los peligrosos individualmente.

Y estos tres factores son comunes a todos los países afectados, en mayor o menor grado según zonas, nivel de formación de los apicultores y los agricultores…

Solo una acción conjunta, sobre el total de los actores implicados en este drama, puede ayudar a paliar los efectos de las desmesuradas acciones humanas que nos han abocado a esta situación.

Artículo escrito por Pajuelo Consultores para LA TIENDA DEL APICULTOR.

BIBLIOGRAFÍA CITADA

  • Orantes Bermejo, FJ., Gomez Pajuelo, A., Mejías, M y Torres, C. (2010). Pesticide residues in beeswax and breed pollen samples collected from honeybee colonies (Apis mellifera L.) in Spain. The role of bee losses. Journal of Apicultural Research 48(1): 243-250.
  • van Engelsdorp, D.,  Doris Meixner, M. (2010). A historical review of managed honeybee populations in Europe and the United States and the factors that may affect them. Journal of Invertebrate Pathology 103 (2010) S80–S95.

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