Una abeja obrera tiene cinco ojos: dos ojos compuestos y tres ocelos. La cifra es sencilla; lo interesante es que no todos hacen el mismo trabajo. Su sistema visual está especializado en detectar luz ultravioleta, colores, contrastes, movimiento y referencias del paisaje. Gracias a esa combinación, una abeja puede localizar flores, controlar el vuelo, aprender el entorno y regresar a la colmena.
¿Cuántos ojos tiene una abeja?
Respuesta corta: cinco. Los dos ojos compuestos y los tres ocelos se complementan, pero no producen una única imagen como si fueran cinco cámaras iguales.
2 ojos compuestos
- Están formados por miles de omatidios.
- Detectan color, contraste, formas y movimiento.
- Intervienen en el vuelo, el aterrizaje y el reconocimiento de referencias.
3 ocelos
- Son ojos simples situados en la parte superior de la cabeza.
- No forman imágenes detalladas.
- Registran la luz del cielo y contribuyen al control de la orientación.

Ocelos y Ojos Compuestos: Un Sistema Visual Avanzado
Los tres ocelos son ojos simples: dos laterales y uno central. No forman una imagen nítida como los ojos compuestos. Su retina está organizada para recibir información del cielo y del horizonte, y los estudios anatómicos los relacionan con el control de la posición durante el vuelo y, posiblemente, con información de la luz polarizada del cielo.
Por eso no es correcto describir los ocelos como un «GPS» ni afirmar que calculan cuánto falta para que anochezca. Son sensores rápidos de luz y orientación que trabajan junto con los ojos compuestos, el cerebro y otras señales del entorno.
Los dos ojos compuestos ocupan gran parte de los lados de la cabeza. Cada uno está formado por miles de unidades visuales llamadas omatidios. No todos los omatidios son idénticos: en la abeja melífera se han descrito distintas combinaciones de receptores sensibles al ultravioleta, al azul y al verde. Esa organización permite procesar color, contraste y movimiento sin que la abeja vea el mundo como una persona.
La visión tampoco trabaja sola. El olfato, el tacto y la información mecánica que reciben las antenas de las abejas completan la percepción del entorno.
La Visión Tricromática: Comparación Entre Abejas y Humanos
Las abejas y los humanos tenemos visión tricromática, pero no utilizamos los mismos tres tipos de receptores. Nuestra visión combina principalmente azul, verde y rojo; la de la abeja melífera combina ultravioleta, azul y verde. Por eso puede percibir señales ultravioleta que para nosotros son invisibles.
La frase «las abejas no ven el rojo» necesita un matiz. No poseen un receptor especializado en longitudes de onda rojas, de modo que una superficie que solo refleje rojo les ofrece poca señal cromática. Sin embargo, un objeto rojo también puede reflejar ultravioleta, azul o verde, o destacar por luminosidad y forma. No desaparece necesariamente de su campo visual.
Muchas flores reflejan la luz ultravioleta de manera desigual y generan patrones que pueden dirigir a los polinizadores hacia el centro floral. Son las llamadas guías de néctar. Esta relación entre percepción floral y comportamiento ayuda a entender por qué la polinización es también un servicio apícola especializado.
La Memoria Visual de las Abejas
Las abejas aprenden asociaciones entre colores, olores, formas, lugares y recompensas. En experimentos de discriminación cromática, el aprendizaje previo les permitió distinguir estímulos de color muy próximos. La capacidad existe, pero no conviene convertirla en una regla universal del tipo «cinco visitas para aprender un color»: el resultado depende de la dificultad de la tarea, del entrenamiento, de la recompensa y del contexto.
Antes de convertirse en pecoreadoras, las obreras realizan vuelos de orientación. El seguimiento mediante radar mostró que estos vuelos repetidos les ofrecen distintas vistas de la colmena y del paisaje y que el aprendizaje del entorno es progresivo. Otros experimentos de retorno indican que la textura, el contraste y la posición de las referencias cercanas cambian la forma en que una abeja se aproxima a su objetivo.
Durante el vuelo, la abeja también analiza el desplazamiento aparente de la escena, conocido como flujo óptico. Esta información contribuye al control de la trayectoria, la aproximación y la estimación espacial.
¿Qué significa esta visión en el colmenar?
La investigación se realiza en condiciones controladas y no ofrece una receta que elimine por sí sola la deriva. Aun así, permite extraer criterios prácticos razonables:
- Mantén referencias estables alrededor de la piquera. Tras instalar o mover una colmena, evita cambiar sin necesidad objetos próximos o el aspecto del frontal durante los primeros vuelos de orientación.
- En colmenares densos, añade señales diferentes. Formas geométricas simples, contrastes claros y frontales no completamente idénticos pueden aportar referencias adicionales. Es preferible combinar forma, contraste y posición antes que confiar solo en un color.
- No utilices el rojo puro como única señal visual. La abeja no dispone de un receptor rojo como el humano. Si se emplea ese color, conviene acompañarlo de un patrón contrastado o de otra referencia.
- Reconoce los vuelos de orientación. Una abeja que sale, se gira hacia la colmena y describe arcos progresivamente más amplios está aprendiendo la posición y el paisaje; ese comportamiento no debe confundirse automáticamente con desorientación.
Importante: estas señales visuales son una ayuda, no una garantía contra la deriva. La separación entre colmenas, su orientación, la disposición del colmenar, el viento y el estado de las colonias también influyen.
En resumen
- Una abeja tiene cinco ojos: dos compuestos y tres ocelos.
- Los ojos compuestos procesan ultravioleta, azul, verde, contraste y movimiento.
- Los ocelos no son un GPS: registran la luz y contribuyen al control de la orientación.
- Las abejas aprenden referencias del paisaje; en el colmenar conviene ofrecer señales estables y diferenciadas.
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ISNI 0000 0005 1801 1100 | Joshua Ivars es gerente de LA TIENDA DEL APICULTOR y autor del blog, donde comparte contenido técnico y práctico para apicultores. Con amplia experiencia en el sector apícola, se dedica a ofrecer consejos y soluciones basadas en las necesidades reales del apicultor, aportando su conocimiento en productos y prácticas esenciales para la apicultura.