La alimentación en las abejas. ¿Por qué alimentar a las colmenas?

INTRODUCCIÓN

La abeja es uno de los pocos animales utilizados por las personas que es capaz de buscarse su sustento, pecoreando en un radio de 1,5 a 2 km de su ubicación (más distancia no es rentable). Los apicultores recolectamos una parte de sus reservas en nuestro beneficio, pero siempre teniendo cuidado de que les quede para llegar a la siguiente floración.

El cambio climático está variando las reglas del juego. Cada vez son más frecuentes las sequias, los otoños secos y calurosos, la torrencialidad de las lluvias… Eso dificulta a la abeja encontrar una entrada de néctar y de polen, renovar la población para pasar el invierno, y tener una buena arrancada primaveral.

Cada vez es más preciso estar alerta a las carencias nutricionales de la abeja y el impacto sobre su salud.

Como todos saben las necesidades alimenticias de las abejas se cubren con dos productos: la miel y el polen, que almacena en las celdillas de sus panales. Los hidratos de carbono de la dieta son aportados por la miel, las proteínas, grasas y vitaminas, fundamentalmente por el polen, las sales minerales por ambos, y el agua es recogida aparte. La ausencia de cualquiera de estos compuestos ocasiona graves problemas, y, en último extremo, la muerte de la colonia.

LOS NUTRIENTES

Los hidratos de carbono de la dieta de las abejas son aportados por el néctar de las plantas en forma de tres azúcares principales: sacarosa, glucosa y fructosa. Los néctares de las diferentes plantas los tienen en diferentes proporciones; así existen plantas de néctar rico en sacarosa (romero, manzano, trébol, chupamieles, castaño…), otras de néctar rico en glucosa y fructosa (diente de león, tomillo, brezo…), y mielatos ricos en fructosa (de encina, de roble, de abeto…).

Los azúcares del néctar son consumidos directamente, o, según las necesidades y disponibilidades de las colonias, trasformados unos en otros por las enzimas de la saliva de las abejas, y concentrados por evaporación y trasiego, hasta convertirse en miel almacenada. De promedio un néctar puede tener un 58 % de agua y un 40 % de azúcares variados, mientras que la miel suele tener la composición promedio siguiente:

AguaAzúcaresSales mineralesProteínasVitaminas

Enzimas

Aromas

GlucosaFructosaSacarosa
17%31%38%2%0,5%0.1%0.3%

Los hidratos de carbono son compuestos energéticos, imprescindibles para la obtención de la energía necesaria para realizar las funciones motrices (volar, caminar, moverse), para la termorregulación de la colonia (producir calor, ventilar) y para la construcción: la cera se produce en las glándulas cereras a partir de los hidratos de carbono de la dieta. Una colonia situada en nuestra zona climática necesita al año un mínimo de unos 40 kg de hidratos de carbono. Solo en invierno consumirá entre 8 y 12 kg de sus reservas de miel.

El polen es la fuente principal del resto de los componentes de la dieta (excepto de agua). Su composición no es muy homogénea, dependiendo de la planta de origen puede tener un 7 ó un 35 % de proteínas. Y con los demás componentes pasa lo mismo; determinadas vitaminas pueden estar en el polen de unas plantas y no en el de otras. Por ello las abejas necesitan consumir una mezcla de polen de distintas plantas.

Se puede considerar como composición media del polen, a la entrada de la colmena, la siguiente:

Agua

Azúcares 

Proteínas

 

GrasaSales mineralesFibraVitaminas
25%35%20%6%1,5%5%

B, C…

El polen es rico en vitaminas del grupo B, imprescindibles para las abejas (sustancias que su organismo no puede fabricar y ha de tomar enteras de la dieta). Sus componentes proporcionan a las abejas jóvenes las sustancias necesarias para fabricar la jalea real, y parte de ellos son imprescindibles para que las glándulas cereras funcionen y fabriquen la cera a partir de los hidratos de carbono.

El polen es muy importante en la dieta de la larva, de él obtiene los componentes de los que hará después los músculos, los órganos vitales, los pelos, las glándulas, su sistema inmunitario…

Una vez eclosionada la abeja sigue necesitando polen, las que no lo consumen pesan menos y viven hasta un 50 % menos, y tienen las glándulas de jalea y de cera menos desarrolladas, al igual que los cuerpos adiposos, donde hace su reserva de grasa para pasar mejor el invierno y arrancar mejor en primavera.

Las larvas con una dieta pobre en proteína son más sensibles a las enfermedades. La sensibilidad de las abejas a los plaguicidas es mayor en las abejas que no comen polen en sus primeros días de vida.

NECESIDAD DE ALIMENTAR

Alimentar a las colonias de abejas puede ser una necesidad nacida de factores meteorológicos desfavorables, un entorno inadecuado, o un manejo deficiente.

Los factores meteorológicos desfavorables: lluvia, vientos, heladas, temperaturas altas, pueden hacer que la secreción de néctar de determinadas floraciones disminuya o se paralice, o que la actividad de las abejas se haga difícil o imposible, lo que afectará a la disposición de nutrientes en la colonia, pudiendo hipotecar su posterior desarrollo.

Los factores de manejo también pueden obligarnos a veces a alimentar, bien porque queramos modificar el ciclo de las colonias, adelantando la cría en primavera, mejorando la población cara a la invernada…  o bien porque queramos forzar determinados tipos de producciones (reinas, jalea real, polinización, polen…) o para proporcionar reservas a las colonias que no las tengan.

MATERIAS PRIMAS Y PIENSOS APÍCOLAS

Desde hace unos años encontramos en el mercado numerosos productos para alimentar a cubrir estos estados carenciales. Como profesionales de la apicultura hemos de tener claro cual es la carencia a cubrir y el objetivo de la alimentación que necesitamos.

Es imprescindible conocer los componentes analíticos y la composición del pienso. Lo necesitamos para tomar decisiones de uso adecuadas, y, además, los piensos están obligados por ley a dar esa información. Es un sector muy regulado para otras ganaderías, pero un tanto descuidado para la nuestra.

Toda actuación debe hacerse con suficiente anticipación. Si la colmena se viene abajo es muy difícil y costoso hacerla remontar.

Nuestra necesidad puede ser cubrir una falta de polen, una falta de miel o ambas cosas. Y nuestro objetivo cubrir la falta de abeja en otoño para pasar el invierno (lo ideal es entrar en invierno con, al menos, unos 5 cuadros de abeja); o, en primavera temprana, preparar la colmena para poder aprovechar una floración; o, en invierno, asegurar la cantidad de reservas.

Piensos complementarios de hidratos de carbono

Son todos aquellos que llevan azúcares. Se usarán cuando las colmenas tengan polen dentro o lo encuentren fuera.

Tenemos que recordar que la abeja solo asimila los mono y disacáridos, es decir, la fructosa, glucosa, sacarosa, maltosa. Por lo que tenemos que fijarnos en la composición del alimento.

¿Cuál usar?, eso deberemos decidirlo nosotros. Para elegir bien, lo primero es mirar la etiqueta. Si la información que en ella se aporta no es suficiente, deberemos pedir la ficha técnica del producto.

Las variables serán:

  • Más o menos agua, la elección aquí dependerá, del objetivo que tenga la alimentación y de la temperatura exterior. Si se quiere aumentar la cría harán falta más de 18º C al menos a mediodía y un jarabe con 50% de azúcares.
  • El % de azucares asimilables, que ha de ser el máximo posible.
  • Si lleva vitaminas y aminoácidos. La elección aquí dependerá, de las carencias que pueda tener la colmena en algún aminoácido o vitamina o si han de hacer algún esfuerzo importante (crecimiento de población, estirado de cera, recolección de polen…)

Piensos complementarios con hidratos de carbono, proteínas, grasas y vitaminas

Se usan para asegurar las reservas de la colonia.

Como antes, primero hay que mirar la etiqueta y ver los componentes analíticos que aporta, y cuáles son las materias primas principales de cada aporte nutricional.

La elección la tomaremos según:

  • La composición en azúcares asimilables por la abeja.
  • El % de proteína, que se deberá ajustar a el objetivo que nos marquemos para la alimentación y al polen que tenga la colmena (nuestra abeja raramente toma más del 10%, y lo normal en su dieta es el 4%).
  • La presencia de grasas (alrededor del 1%).
  • El aporte de vitaminas y aminoácidos.

Si observamos en las colmenas carencia de polen deberemos suplirlo con un aporte proteico, sobre todo si estamos en un periodo de crecimiento de la colmena o de renovación de abeja, ya que las necesidades son mucho más altas.

Imagen del reconocido apicultor canadiense Steppler alimentado con Ultra Bee patties

En el mercando encontramos materias primas como la levadura de cerveza o la harina de soja (ambas con alrededor del 50% de proteínas), y otras que pueden darnos ese aporte.

¿LÍQUICO, PASTOSO, SÓLIDO?

“Todo depende…”, como dice la canción. Si queremos estimular la puesta y tenemos temperatura (18ºC al menos a mediodía), podremos usar alimentos líquidos con más o menos el 50% de agua.

Si el objetivo es asegurar reservas o no hay suficiente temperatura, mejor dar una alimentación pastosa o solida con no más del 15% de agua.

DONDE UBICAR EL ALIMENTO

Siempre cerca de la zona de cría, a no más de 10 cm de esta, sobre todo cuando la temperatura es baja.

Para que las alimentaciones cumplan su objetivo, necesitamos un mínimo de abejas. Las colmenas muy débiles son difícilmente rescatables.

CONCLUSIÓN

Cada uno tenemos una manera de trabajar, un tipo de explotación, una mano de obra disponible, en zona fría o templada, dedicada a la miel o a hacer abeja… Cómo alimentar es nuestra la decisión. Pero, como en todas las ganaderías, para tener un animal con salud y productivo hay que alimentarlo bien.

Si el campo no cubre sus necesidades deberemos estar alertas, y reaccionar, buscando otra floración, o con algún pienso complementario que las ayude a mantenerse y cubra nuestros objetivos.

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