¿Puedo alimentar a mis abejas con Miel y Polen?

Contexto sobre la dieta de las abejas

La alimentación natural de las abejas es un 80 % de miel y un 20 % de polen, cuando la colmena está criando; y un 90 % de miel y un 10 % de polen si no crían, en la invernada de las zonas frías.

La miel aporta a las abejas fundamentalmente azúcares (son alrededor del 80 % de sus componentes), que ellas transforman en energía (calor y movimiento), y en componentes que usan para la síntesis de otras moléculas (quitina, grasas de reserva, hormonas, proteínas estructurales, musculares, etc.)

El polen aporta a las abejas alrededor de un 40 % de azúcares, de un 20 % de proteínas, y las cantidades más importantes de vitaminas y otros micronutrientes.

Reservas de polen en forma de pan de abeja sobre panal.

Pero ambos también aportan trazas indeseables de otros elementos presentes en la colmena, fundamentalmente microorganismos patógenos y residuos de los tratamientos aplicados por el apicultor.

Microorganismos patógenos.

En todas las colmenas existen una cierta cantidad de microorganismos patógenos, Antúnez, en 2004, encontró por PCR esporas de loque americana en la miel de 14 de las 19 localidades de Uruguay, en las que muestreó una media de 5,3 colmenas/localidad. Más recientemente, Garrido 2013, en muestras de 1.171 colmenas de España, de primavera y otoño 2006 y 2007, encontró Nosema ceranae, por PCR, en alrededor del 45 % de ellas.

En la mayoría de los casos estos patógenos no suelen prosperar, porque los controlan los péptidos antimicrobianos producidos por el sistema inmusistema inmunitarionológico de las abejas. Estos circulan por su hemolinfa y se incorporan a la jalea real para proteger a sus crías y a su reina.         

Para fabricar estos péptidos las abejas han de recibir de su nutrición los componentes necesarios, aminoácidos fundamentalmente (hay 20 diferentes). Pero no todos los pólenes de las plantas llevan todos, algunos faltan en varios cardos y otras plantas de esa familia (achicoria amarilla, vara de oro…), en los eucaliptos, y en los sauces y lavandas. Su carencia provocará que no se fabriquen esos péptidos antimicrobianos. Y cuando esto pasa, los microorganismos patógenos prosperan.

En esas circunstancias es muy frecuente la aparición de casos de loque europea y pollo escayolado en la cría, y de nosema en la abeja adulta; y menos frecuente la de loque americana en cría. Cualquiera de estas patologías puede acabar con la colmena.

Cuando fallan los péptidos antimicrobianos, y una de estas enfermedades aparece, entra en juego la inmunidad colectiva de las abejas, el comportamiento higiénico, que consiste en que algunas abejas identifican a las enfermas, pupas o/y adultos, y los expulsan de su colmena. Si hay muchas abejas que han heredado este comportamiento, la colmena quizás pueda controlar la enfermedad; en caso contrario tendrá problemas sanitarios.

En la Naturaleza no hay grandes grupos de colmenas, y si una enferma y muere no suele afectar a otras. Pero nosotros mantenemos una cantidad generalmente grande de colmenas juntas, con lo que, por la deriva, el pillaje… un problema sanitario puede extenderse rápidamente de unas a otras. 

Un problema aparte es el del polen cosechado a las colmenas, que con frecuencia tiene un alto nivel de esporas de pollo escayolado. Las momias negras (que tienen millones de esporas), producidas cuando se desarrolla esta enfermedad, son sacadas por las abejas limpiadoras, y acaban en el cajoncillo recolector, rozándose con las pelotas de polen y dejando en ellas una buena carga de esporas. Aunque luego se eliminen las momias manualmente al comercializar el polen, las esporas del pollo escayolado siguen allí.

Concluyendo, utilizar miel o polen procedente de colmenas desconocidas, sin garantía sanitaria, puede ocasionar problemas sanitarios.

Residuos de tratamientos

La miel y el polen, además de microorganismos, pueden tener residuos de todo lo que entre en la colmena, fundamentalmente de los tratamientos contra varroa. Estos se hacen con productos que se disuelven en las grasas, por lo que el problema de residuos es menor en la miel (sustancia acuosa), y mayor en la cera (que es una grasa), y en el polen (que tiene un cierto % de grasa).

Miel en panal. Imagen: Pajuelo Consultores

Estos residuos son, pues, más peligrosos en el polen. En el cosechado en piquera también están esos residuos, ya que las abejas lo recogen sobre sus pelos, y de allí hacen las pelotas de las patas. Y el pelo de las abejas que salen de la colmena está impregnado del acaricida que se colocó dentro.

Estos residuos se trasfieren, con el tiempo, de la cera al polen en ella almacenado, pudiendo llegar a producir intoxicaciones subletales en las crías con él alimentado, Murcia 2020, en las abejas adultas, y una menor fertilidad en los zánganos, Cushman 2006. Aparte de una mortandad en las pupas, las abejas con esta intoxicación viven menos y hacen menos vuelos al día, Orantes 2015, lo que compromete la cosecha de miel, y, en invierno, produce un aumento de la mortandad de colmenas, que, en los casos estudiados por Orantes 2010 fue del 30 % más.

El polen que permanezca en la colmena unos dos meses, aún con niveles no altos de residuos de acaricidas en la cera, acabará siendo problemático.

Concluyendo, alimentar con polen, tanto del recolectado en piquera, como del ya fermentado, almacenado en los panales, puede tener riesgos para las abejas y sus crías si no conocemos su trazabilidad.

Consumo preferente

La miel para alimentación de las abejas también tiene fecha de consumo preferente. Como para el consumo humano se usa el contenido en HMF para calcularlo. Hay estudios que indican que esta molécula es tóxica para las abejas a partir de unos 200 mg/kg, que corresponde a una miel recalentada o de más de 4-5 años.

Para el polen el plazo es mucho más corto. El polen seco pierde la mitad de sus componentes nitrogenados (aminoácidos y proteínas) en un año. Y el polen fermentado en los panales, dentro del cálido ambiente de la colmena, comienza a deteriorarse a partir de los dos meses Somervill 2005 y Vásquez 2009

Cuadro con reservas de polen

Resumen

Alimentar con miel o polen procedente de colmenas de las que desconozcamos su historial sanitario y de tratamientos contra varroa (residuos), puede acarrear problemas a las colmenas.

Alimentar con piensos a base de buenas materias primas, que no han estado en contacto con las abejas, y de composición equilibrada, es una opción más segura.

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